jueves, 9 de julio de 2009

SLOTERDIJK Y LA POSHISTORIA: EL PALACIO DE CRISTAL EN EL MUNDO INTERIOR DEL CAPITAL Por Adolfo Vásquez Rocca

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Tal vez el cambio arquitectónico más importante en la cultura occidental se produjo hacia la mitad del siglo XIX en los pasajes parisinos –expresiones emblemáticas del espacio público moderno– con su estructura de hierro y cristal, los almacenes de moda, las primeras máquinas, los anuncios publicitarios, prensa, etc., donde las expresiones artísticas de elite se fusionaron con la emergente cultura popular de las nuevas ciudades modernas, naciendo así la cultura urbana1. Allí se está frente a la cristalización del gusto de masas, la homogeneización y estetización de la vida cotidiana producto de las artes aplicadas, el desarrollo del diseño industrial y el auge de la moda.

Frente al espacio público político y social emerge en el siglo XX un metaespacio, el mediático, que condiciona dramáticamente los modelos clásicos y modernos. La principal transformación es el abandono de la crítica racional en el espacio público por una opinión difusa y acrítica.

Nexo

Es así como –en lo urbanístico y estético– si hubiera que ampliar las investigaciones de Walter Benjamin al siglo XX y principios del XXI, sería necesario –según Sloterdijk2– además de algunas correcciones en el método tomar como punto de partida los modelos arquitectónicos del presente: centros comerciales, recintos feriales, grandes estadios olímpicos, edificios corporativos, centros de convenciones y estaciones orbitales3. Los nuevos trabajos tendrían títulos como grandes úteros para masa infantilizadas, Estados uterotopos, etc. Sin duda alguna, los pasajes encarnaron una sugestiva idea del espacio en los principios del capitalismo. Consumaron la fusión, que tanto había inspirado a Benjamin, entre salón y universo en un espacio interior de carácter público; eran un “templo del capital mercantil”, “voluptuosa calle del comercio”, proyección de los bazares de Oriente en el mundo burgués y símbolo de la metamorfosis de todas las cosas bajo la luz de su venalidad, escenario de una féerie que embruja a los clientes hasta el final de la visita. Una feria de vanidades donde el ceremonial social del lujo no sólo exige su vendibilidad, sino que la presupone4. Sin embargo, el Palacio de Cristal, el de Londres –en 1850– que primero albergó las Exposiciones Universales y luego un centro lúdico consagrado a la “educación del pueblo”, y aún más, el que aparece en un texto de Dostoievsky5 y que hacía de toda la sociedad un “objeto de exposición” ante sí misma, apuntaba mucho más allá que la arquitectura de los pasajes; Benjamin lo cita a menudo, pero lo considera tan sólo como la versión ampliada de un pasaje. Aquí, su admirable capacidad fisonómica lo abandonó. Porque, aun cuando el pasaje contribuyera a glorificar y hacer confortable el capitalismo, el Palacio de Cristal –la estructura arquitectónica más imponente del siglo XIX– apunta ya a un capitalismo integral, en el que se produce nada menos que la total absorción del mundo exterior en un interior planificado en su integridad.

Si se acepta la metáfora del “Palacio de Cristal” como emblema de las ambiciones últimas de la Modernidad, se reconoce sin esfuerzo alguno la simetría entre el programa capitalista y el socialista: el socialismo no fue otra cosa que la segunda puesta en práctica del proyecto de construcción del palacio. Después de su liquidación, se ha hecho evidente que socialismo y comunismo fueron estadios en el camino hacia el capitalismo. Ahora se puede decir abiertamente que el capitalismo es algo más que un modo de producción; apunta más lejos, como se expresa con la figura de pensamiento “mercado mundial”. Implica el proyecto de transportar todo el contexto vital de los seres humanos que se hallan en su radio de acción a la inmanencia del poder de compra.

1HARVEY, David, Paris: Capital of Modernity. New York – London, Routledge, Taylor & Francis Group, 2006.; Habermas and the Public Sphere. Craig Calhoun (ed.). Cambridge, Massachusetts, and London, England, MIT Press, 1992.

2SLOTERDIJK, Peter, “El Palacio de Cristal”, Conferencia pronunciada en el marco del debate “Traumas urbanos; La ciudad y los desastres”, Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona, CCCB. 7-11 julio 2004 En

3SLOTERDIJK, Peter, Esferas III: Espumas, cap. 1, sección A, pp. 317-337.

4 VÁSQUEZ ROCCA, Adolfo, “Walter Benjamin y Peter Sloterdijk; de los Pasajes al Palacio de Cristal”, En Escáner Cultural, Revista revista virtual de arte contemporáneo y nuevas tendencias, año 10, Nº 106 – julio 2008, En <http://revista.escaner.cl/node/742>

5Los ecos literarios de la estancia de Dostoievsky en Londres se encuentran en su suplemento literario de viajes “Anotaciones de invierno sobre impresiones de verano», 1863, un texto en el que el autor se burla, entre otras cosas, de los «sargentos primeros de la civilización» de Occidente, de los “progresistas de invernadero”, y expresa su angustia acerca del triunfalismo baálico del palacio de la Exposición Universal. Dostoievsky reconoce ya en la burguesía francesa la equiparación europea occidental y posthistórica entre seres humanos y poder adquisitivo: “La posesión de dinero [es] la más elevada virtud y deber del ser humano”.

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2.-

Palabras Claves:

Mundo, interior, capital, mercado, ciudad, política, globalización, arquitectura, pasajes, Pos-historia, aburrimiento, Globalización, capitalismo.

A partir de la metáfora del Palacio de Cristal Sloterdijk desarrolla un análisis filosófico-arquitectónico de cómo el capitalismo liberal encarna una particular voluntad de excluir el mundo exterior, de retirarse en un interior absoluto, confortable, decorado, suficientemente grande como para que no se perciba el encierro. La transparencia del Palacio genera la ilusión en los habitantes de los márgenes de poder participar de su confort y seguridad. El palacio se hace desear, se propone como ideal de desarrollo para los “perdedores de la Historia” ocultando las fronteras que los dividen, invisibilizando sus rigurosas medidas de control.

Ahora bien, según Sloterdijk, desde 1945 se ha extinguido el poder creador de historia de los sujetos europeos de la expansión. El Viejo Mundo ha gastado su capacidad de iniciativa en la colonización del planeta y ha apagado sus energías excedentes en dos grandes guerras…

Desde 1945 está claro que se ha extinguido el poder creador de la historia de los sujetos europeos de la expansión. El Viejo Mundo ha gastado su capacidad de iniciativa en la colonización del planeta y ha apagado sus energías excedentes en dos grandes guerras (…)

Para la proyección del futuro del mundo, visto en su conjunto, la mirada al pasado de Europa no tiene importancia alguna. Por el contrario, el presente europeo se ha hecho modélico de otro modo, ya que le es inherente un concepto casi maduro de política postimperial: un concepto que comienza a seducir también a americanos cansados de América. Como ejemplo de una potencia mundial apacible, podría recomendarse pronto su imitación en otras regiones, sobre todo en Asia y Sudamérica. Por lo que respecta a la utilidad de la historia para la vida, después de 1945 consiste, sobre todo, en recopilar expedientes para eventuales comprobaciones de daños. (…) Tal historia constituye un negociado administrativo de ilusión de mundo, que permite ojeadas en las actas del fastidio de los seres humanos por los seres humanos.

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La descolonización después de 1945 y las tablas militares de la Guerra Fría proporcionan una idea de lo pronto que se disuelve la “historia”.

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Ese invernadero gigante de la relajación está dedicado a un culto a Baal festivo y enfrebecido, para el que el siglo XX propuso la expresión consumismo. El Baal capitalista, que Dostoievski creyó reconocer ante el espectáculo chocante del palacio de la Exposición Universal y de las masas divertidas de Londres, no adopta menos forma en el receptáculo mismo que el barullo hedonístico que reina en su interior. Aquí se formula una nueva doctrina de las postrimerías como dogmática del consumo. A la erección del palacio de cristal sólo puede seguir la “cristalización” de las circunstancias en su totalidad.

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Cristalización” de las circunstancias en su totalidad designa el proyecto de generalizar normativamente el aburrimiento e impedir la nueva irrupción de la “historia” en el mundo poshistórico.Sólo el aburrimiento posthistorico puede cristalizar en su forma quintaesencial. El mal posee la cualidad de puro antojo. El mal moderno es la negatividad en paro: producto de la situación poshistórica.

La existencia en comunidad, al interior del Palacio de cristal, acontece bajo la forma de la densidad. La globalización impone un grado enorme de cercanía, tanto material como virtual, entre los mismos consumidores y entre éstos y los artículos de consumo. Basta pensar lo que ocurre en los centros comerciales, espacios gigantescos atiborrados de tiendas y de potenciales compradores, que ofrecen infinidad de productos comerciales destinados al consumo masivo de las multitudes, o lo que sucede con Internet, a través de esta red global los seres humanos trascienden los límites impuestos por las distancias físicas y pueden comunicarse entre sí desde cualquier lugar del orbe, además las personas tienen la posibilidad de realizar toda clase de transacciones económicas sin siquiera desplazarse de su computador.

- Desde el punto de vista de Sloterdijk, el fenómeno de la densidad conduce a la primacía social de la inhibición sobre la desinhibición.

A causa de la densidad, la inhibición se transforma en nuestra segunda naturaleza. Allí donde se manifiesta, la agresión unilateral adopta la apariencia de una utopía que ya no se corresponde con ninguna praxis. La libertad para actuar obra entonces como un motivo de cuento de hadas procedente de la época en que la agresión aún prestaba algún servicio1.

La excesiva cercanía entre los miembros del palacio de cristal, que se expresa a través de un exorbitante nivel de densidad, tiene como consecuencias más relevantes, para el análisis que realiza Sloterdijk, la declinación de los dictados unilaterales, y la constitución hipercomunicativa de la sociedad, ambos acontecimientos confluyen para la determinación de la primacía de la inhibición.

En épocas anteriores y bajo distintas formas de organización social, los habitantes menos afortunados de una determinada comunidad debían realizar un arduo esfuerzo por satisfacer sus necesidades básicas, mientras otros, pertenecientes a clases dominantes, accedían con relativa facilidad a todo tipo de lujos. Este orden social desembocó frecuentemente en la competencia entre los miembros de un mismo estrato social, y en la lucha de las clases inferiores por obtener mejoras en su calidad de vida.

Densidad y problemas migratorios en el Palacio de Cristal.

En la actualidad, el estadio de desarrollo que ofrece el palacio de cristal permite una considerable disminución de los inconvenientes propios de sistemas sociales más primitivos. Existen programas de protección social que permiten complacer las necesidades básicas de la mayoría de la población y la brecha económica entre los estratos sociales es menor que en sociedades menos desarrolladas.

Los habitantes contemporáneos del Palacio de Cristal llevan a cabo una vida marcada por el bienestar social, esto influye en el modo en que se interrelacionan, ya no se consideran unos a otros competidores en la batalla por la supervivencia, ni tampoco existen acentuados antagonismos entre las clases sociales que puedan dar pie a revoluciones o golpes de estado, manifestaciones unilaterales de la agresión.

La elevada densidad garantiza la resistencia permanente del entorno contra la expansión unilateral, una resistencia que desde el punto de vista cognitivo se puede calificar como entorno estimulante para los procesos de aprendizaje, puesto que los actores suficientemente fuertes en medios densos se hacen unos a otros inteligentes, cooperativos y amistosos (y, como es natural, también se trivializan entre sí). Esto es así porque se interponen efectivamente el uno en el camino del otro, y han aprendido a equilibrar intereses opuestos. Al cooperar tan sólo con las miras puestas en el reparto de beneficios, dan por supuesto que las reglas de juego de la reciprocidad también son evidentes para los demás. Es lo que Rorty llamaría “compartir una esperanza egoísta común”.

Si bien la coexistencia en el Palacio de Cristal se desarrolla principalmente bajo las normas generales de la cordialidad y la empatía, esto no implica la ausencia de problemas de convivencia de los que hemos sido testigos – durante las últimas 3 décadas– en el escenario político internacional.

Actualmente existe un conflicto de carácter étnico en muchos de los países desarrollados. Una cantidad elevada de inmigrantes, provenientes principalmente de África, Medio-Oriente y América Latina, tanto legales como ilegales, ingresa diariamente a Europa y Estados Unidos. Esto produce serias alteraciones en el orden social. Una parte de la población residente no ve con buenos ojos la llegada de extranjeros, lo consideran una invasión al Palacio de cristal. Los ciudadanos de menos recursos afrontan este hecho con mayor malestar, en tanto son los principales afectados, ya que los inmigrantes constituyen una mano de obra más económica que compite con ellos en forma ventajosa, en la carrera por conseguir empleos de baja calificación.

En el fenómeno punk 70′ – 80′ evoca un segundo ejemplo de conexión entre fluido-aburrimiento omnipresente y agresión generalizada. En cierto modo Heidegger fue el filósofo punk de los años 20, un joven intelectual colérico que sacudía los barrotes de la vieja filosofía académica, y no sólo ellos, sino las rejas del confort ciudadano y de los sistemas socio-estatales de enajenación existencial. Para apreciar en lo justo sus motivos filosóficos – es decir, el núcleo lógico-temporal de su reflexión– , hay que reconocer en ellos el intento de redramatizar intencionalmente el mundo poshistórico del aburrimiento; aunque fuera al precio de que la catástrofe se constituyera en maestra de la vida. En este sentido, por lo que se refiere a la “revolución nacional”, a la que adhirió durante un corto espacio de tiempo, Heidegger podría haber dicho que desde aquel hic et nunc había partido una época de rehistorización , y que él no sólo había participado en este inicio, sino que había pensado esa época de antemano y deducido heroicamente su sentido. Como dramaturgo del ser que ha de acontecer de nuevo, Heidegger, como para dar una última oportunidad a la historia, articula el postulado de evadir el aplanamiento poshistorico desde el centro de conciencia de Alemania; bien entendido que, según esa lógica, la “historia” no se hace, sino que se padece medialmente. Los alemanes son el único pueblo capaz de soportar lo abierto e inconmensurable, debían ponerse en marcha a lo grande, e invocar al mundo como testigo de su pasión. Según el filósofo, se les habría concedido suministrar la prueba que, en medio de lo cómodo y discrecional, sigue habiendo siempre, sin embargo, una “evidencia” que puede prescribir acciones históricas: una evidencia que se presenta más bien en el oído sumiso que en el ojo escéptico. Pues nadie ve fuera, pero algunos sí escuchan una llamada de fuera. Si los alemanes hubieran cumplido lo que la fabulación heideggeriana esperaba de ellos, hubiera dejado claro a amigos y enemigos que ellos son a quienes ilumina la luz de la necesidad como por última vez. Pero la ironía de la situación quiso que la evidencia cambiara de campo y se instalara en el área del adversario: antifascismo era, efectivamente, lo más claro que podía ofrecer la época desde el punto de vista moral. La evidencia se alió, para colmo, con los americanos estadounidenses, los emigrantes paradigmáticos, salidos de la “historia”, que, por añadidura, habían inventado como interior total del palacio de cristal el parque poshistórico nacional y recreativo a cielo abierto.

[En desarrollo]

Fenomenología del aburrimiento

Sloterdijk

Palacio de Cristal

Cristalización” de las circunstancias en su totalidad.

La cristalización designa el proyecto de generalizar normativamente el aburrimiento e impedir la nueva irrupción de la “historia” en el momento pos-histórico.

La gran fenomenología de Heidegger del aburrimiento convierte a Heidegger en el filósofo punk de los años 20

buscaba la rehistorización,

El conformismo y el aburrimiento de la sociedad globalizada encerrada en un Palacio de Cristal

Esferopoeisis por tanto, uno de los “conceptos” usados por Sloterdijk y a …. Tenemos una sociedad del aburrimiento fielmente distribuida en castas por

aburrimiento” o el “invernadero” (en términos de Sloterdijk).

En su libro más reciente, Peter Sloterdijk propone pensar al capitalismo bajo la …. Mimo y aburrimiento serían dos momentos de la constitución del sujeto ..

Para Heidegger la sensación de aburrimiento como vacío total o de angustia anímica puede ponernos en contacto aunque no la palpamos con esa nada

Raúl Ruiz y la elevada calidad del aburrimiento

Todos los males del hombre provienen de una sola causa, la cual consiste en su incapacidad de permanecer en reposo en su cuarto”

Pascal (Pensamientos)

Si propongo esta modesta defensa del aburrimiento, es justamente porque las películas que me interesan provocan a veces algo parecido. Digamos que poseen una elevada calidad del aburrimiento. Aquellos de ustedes que han visto películas de Snow, Ozu o Tarkovsky, saben de qué estoy hablando. Otro tanto puede decirse de Warhol o de Straub.”

Raúl Ruiz (Poética del Cine)

El fin de la Historia y el último hombre

es un libro de 1992 de Francis Fukuyama, basado en su ensayo de 1989 “¿El Fin de la Historia?”

- y en alguno de sus exégetas del siglo XX, como Alexandre Kojève (citado por Sloterdijk), afirma que el motor de la historia, que es el deseo de reconocimiento, el thymos platónico, se ha paralizado en la actualidad con el fracaso del régimen comunista, que demuestra que la única opción viable es el liberalismo democrático, que se constituye así en el llamado pensamiento único: las ideologías ya no son necesarias y han sido sustituidas por la Economía. Estados Unidos sería así la única realización posible del sueño marxista de una sociedad sin clases.

Pero esto no significa que ya no sucederán más cosas a través de la historia: la historia generalmente va determinada por la ciencia y ésta no ha encontrado todavía sus límites. En la actualidad sería el turno de la biología y los descubrimientos que se hagan actualmente en esta ciencia determinarán el futuro.

Inspirándose en Hegel y en alguno de sus exegetas del siglo XX, como Alexandre Kojève, afirma que el motor de la historia, que es el deseo de reconocimiento, el thimos platónico, se ha paralizado en la actualidad con el fracaso del régimen comunista, que demuestra que la única opción viable es la democracia liberal tanto en lo económico como en lo político. Se constituye así en el llamado pensamiento único: las ideologías ya no son necesarias y han sido sustituidas por la economía. Estados Unidos, es por así decirlo, la única realización posible del sueño marxista de una sociedad sin clases. En palabras del propio autor:

El fin de la historia significaría el fin de las guerras y las revoluciones sangrientas, los hombres satisfacen sus necesidades a través de la actividad económica sin tener que arriesgar sus vidas en ese tipo de batallas.

Según sus propias palabras “como idea, la democracia liberal es el único sistema político con algún tipo de dinamismo”.

Sugiere una relación entre el desarrollo económico surgido al calor de los sistemas industriales de los Estados Unidos, Europa Occidental o Japón y la capacidad de sostener unos sistemas representativos similares con unas democracias estables.

Pero esto no significa que ya no sucederán más cosas a través de la historia porque, argumenta él, la historia generalmente va determinada por la ciencia y esta no ha encontrado todavía sus límites. Por el contrario, Fukuyama cree que ahora es el turno de la biología; los descubrimientos que se hagan en esta ciencia en esta época orientarán el futuro.

Defiende también las reformas neoliberales en lo económico y lo político, es vital una apertura internacional (globalización) que le de competitividad al mercado interno además es fundamental que existan libertades políticas y se eviten los gobiernos autoritarios o represivos. En la economía el Estado debe jugar un papel mínimo, permitiendo que el capital privado se mueva con la mayor libertad jurídica posible.

[En desarrollo]

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